Los amo y los odio. Me iría con ellos de parranda todos los días y les pondría una orden de alejamiento a la vez. Son / sois el alma de las ficciones, y sin embargo sabéis tener una energía arrebatadora como personas.

Esa exclamación inicial pertenece a Iván, personaje que interpreta Jaume Ibáñez en “Deseo y placer”. Así, como suena, en despectivo: ¡Actores!

Donde realmente disfruto estas creaciones son en los procesos de ensayos, en esos días donde los actores y servidor creamos una sociedad secreta bajo una dirección única.

Creo que ellos, Jaume, Estela, Fer, Vicente, Robert y Rebe le dan alma y cuerpo a estos desgarrados personajes que pueblan “Deseo y placer”.

Y por / para ellos, unas palabras:

JAUME IBÁÑEZ es IVÁN

Pese a mis dudas iniciales, porque el pudor del papel de Iván es muy importante, creo que Jaume y servidor nos hemos lanzado a la piscina. Jaume hace uno de los trabajos más duros de toda la obra. Que se entienda a Iván sin juzgarlo va a ser todo un reto para el espectador. Como el Ray de Blackbird la obra de David Harrower, Iván está al límite pero en ese límite está el hallazgo. Y creo que Jaume llega a momentos de extrema desnudez.

Sí, no lo niego, tengo predilección por el señor Ibáñez. He trabajado dos veces con él y lo volvería a hacer. Es, salvando las distancias y las edades, el Pere Arquillué del teatro valenciano. Tiene el arrojo, la energía y la delicadeza que el actor catalán viene mostrándonos desde hace años. Ole Jaume.

ESTELA MUÑOZ es HELENA

Con Estela me ha pasado algo curioso: pese a que nos conocíamos desde hace tiempo, nunca habíamos trabajado juntos. El personaje que encara, Helena, es de una fragilidad y una determinación apabullante. Parece que pase sin dejar rastro hasta que la vida se encarga de demostrar que no.

Creo que Estela me conquistó la primera vez que la vi bailar en escena. Sí, parece una tontería pero en esa escena (ya la veréis) define muy bien a Helena: Ella enseguida entendió por donde circulaba su historia, y dejó al resto boquiabiertos. Y además, tiene una gran virtud: hacer que los defectos de Helena (físicos y/o emocionales) sean virtudes. Quieres a Helena porque te jode que se vaya para siempre, quieres a Estela porque hace fácil algo que en Helena podría ser difícil, saber conjugar deseo y placer.

FERNANDO SOLER es CARLOS (actor que interpreta a GILLES DELEUZE)

Fer lo da todo. Y más. Y no desiste. Y se entrega. La gran virtud de Fer es que está presente siempre en todo el proceso, pero no solo como intérprete, sino como arreglador general: una lámpara, un elemento de atrezzo o vestuario, un matiz para otro personaje, todo. Cuando he necesitado algo, lo que fuera, buscaba a Fer. Si Fer no estuviera, no habría Caterva, lo tengo clarísimo. Será una metáfora pero Fer riega las plantas del piso donde ensayamos. Según su teoría, ellas están marcando el tiempo de Caterva, cuando mueran, es que ya no tendrán razón de ser.

Y Fer ha tenido que lidiar con dos personajes, Gilles Deleuze y Carlos. Un filósofo y alguien que no encuentra a quien amar. La desnudez de su Carlos te deja sin aliento. Buscar para no encontrar nada. Fabuloso.

VICENTE MATEO BAEZA es MIGUEL (actor que interpreta a MICHEL FOUCAULT)

Nos ha costado encontrar a Foucault. Tengo que reconocer que el mayor reto para Vicente ha sido hacer cercano a este gran filósofo y luego darse la vuelta y ser Miguel, el granuja que todos llevamos dentro. Y Vicente es tan metódico que ese paso a paso lo hemos sufrido, porque trabajar desde un rasgo físico es una putada. Pero no desiste, continua en la brecha.

Ahora el resultado: no le tengáis en cuenta aquello que dice, aquello que hace Miguel, su personaje. En su impulsividad y su estar de vuelta de todo vais a encontrar vuestro espejo salvaje.

ROBERT DE LA FUENTE es JORGE

Se puede llegar tarde al ensayo, sí, y ser el alma de “Deseo y placer”, también. Robert no solo es el cartel de la obra, no, sino que se mete en la piel de Jorge casi sin querer y en la que te das la vuelta está llorando, o riendo como él. Es el actor creativo por excelencia. Le da la vuelta a la escena, propone cambios, modifica percepciones, y funciona. Gran parte de los hallazgos de su personaje son de él. Sin duda. Incluso todo aquello que toca con la guitarra.

Me recuerda mucho a Toni Agustí. Son actores con los que siempre quieres trabajar porque son generadores de acción, de ideas, de brotes. “La acción trae accidente” que le digo siempre.

Y Robert es un accidente. Pero de los buenos. Os va a dejar de piedra.

REBECA ARTAL-DATO es SHEILA (actriz que interpreta a SILVIA BAREI)

Me he dejado para el final a la benjamina de la compañía, Rebe. Tengo ganas de verla en “Revolución” porque me lo perdí, pero con los dos personajes que desarrolla en “Deseo y placer”, Sheila y Silvia Barei, Rebe os va a hacer tragar saliva. Está Nina desnortada que es Sheila (¿acaso no recordáis La gaviota?), que es Rebe, hace en escena lo que no es normal. Ha nacido con el teatro en las venas. Es impresionante. Hace que aquello que podía parecer burdo y pornográfico sea tierno y arrebatador.

Me comentaban los chicos de Caterva que a Rebe la convencieron para que hiciera “Deseo y placer” diciéndole, entre bromas, que con esta obra se iba a llevar el Premio Crisàlide al interpretación revelación del año. Ahora viéndola lo tengo claro: lo justo sería nominarla, y que se lo dieran. Porque os advierto: un volcán en erupción va a explotar y se llama Rebeca Artal-Dato. Ya me daréis la razón, ya.

© Fotos Clara Muñoz

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