“JAVI.- ¿En el teatro se escribe el nombre del personaje?

GABI.- Sí. Bueno depende del tipo de teatro.

Si es teatro deconstructivo no existe el concepto de personaje.

JAVI.- Ah, muy bonito. Los modernos no ponen personajes.

Entendido. Bueno, “le dice…” Se llama Joaquín, el personaje,

por cambiarle el nombre. “Pues Joaquín le dice:

¿En el teatro se escribe el nombre del personaje?”

Fragmento de #DenHaag

Algún día me tendré que preguntar por qué escribo. Por qué necesito crear, por qué hago esto. Por qué.

Hay algo que sale irremediablemente del estómago y no se puede explicar.

Pienso en ello en el Burger King de Atocha, y el cerebro me bulle camino al tren. Una vez sentado, abro el portátil y me pongo a ello.

Esta obra tal vez habla sobre el exilio, sin quererlo. En general sin quererlo ha sido todo. No solo los personajes que transitan en ella, también los que trabajamos en ella lo pensamos. Sin decirlo. Son aquellas cosas que no se dicen cuando se tienen que decir. Nadie se quiere ir, pero todos pensamos en qué pasará a partir de ahora. En mañana. “Es la nostalgia del futuro, tal vez”, que diría Fernando Alfaro. Con una actividad teatral a cero, solo las islas teatrales se mantienen, mal que bien.

“GABI.- Me di cuenta que todos escribimos la misma historia,

y me dije, ¿para qué Gabi, para qué? Y, no sé.

La obra que escribo en la cabeza es mucho más

interesante que la que podría escribir.”

Fragmento de #DenHaag

 Creo que entré en crisis. Creo que las he cogido todas juntas: la creativa, la de los cuarenta (aunque sea a los 37), la de valores, la realmente jodida de conciencia, incluso la física, todas.

Hace unos días me atacó una conjuntivitis vírica en los peores días de ensayo. Creo que se hizo evidente en mi cuerpo la crisis que estaba sufriendo por #DenHaag. No tengo claro la obra que quiero contar. Quien crea que tiene claro qué quiere contar, que levante la mano. Yo cuento, porque necesito contar, vivir ficción. En una escena nueva (sí, en esta crisis ha habido hasta tres escenas nuevas) se materializa eso: qué es contar, porqué contamos lo que contamos, de donde nace. Siempre nace de algún lugar. Creo en el teatro como la mejor terapia para conocerse, para conocernos.

No sé.

En todos los montajes siempre hay un momento de crisis. En este me vino porque me quedé en la escena 14. La escena tiene un título: “Todos los fantasmas acuden a mi”. Yo soy la escena 14. Toda obra es un espejo, está más si cabe. No sé si estamos consiguiendo algo, y qué es ese algo. Creo que sí, pero la capacidad para errar está ahí.

Me acojo a la cláusula Bogart, Anne Bogart, mi última guía para directores desnortados. Ella dice “me convertí en directora de teatro sabiendo de una forma inconsciente que yo iba a tener que utilizar mi propio terror en mi vida como artista. Y tenía que aprender a confiar en ese terror en vez de temerlo. Para mi fue un alivio saber que el teatro es el lugar perfecto para concentrar dicha energía.”

Y ese terror es el exilio. Sigue estando presente. No solo porque en “Den Haag” hablemos de él, sino porque lo vivimos en nuestras propias carnes: yo mismo o algunos de los actores están (estamos) trabajando a caballo entre Valencia y Madrid.

Tal vez el arranque de la obra nace cuando mi hermano David se va a vivir a La Haya (de ahí el nombre de la obra en holandés, Den Haag) para establecerse allí. Las nuevas generaciones no se lo piensan, se van.

En estos meses de ensayo hemos disfrutado, nos hemos enfrentado, hemos elucubrado, cansado, entusiasmado, reído y asustado. Creo que la familia, que es como me gusta llamar a Mamen, Imma, Xavo, Toni, Nacho, Vane y Paula, se lo ha pasado bien. La obra empieza a estar armada. Ahora haremos un parón veraniego para retomar en septiembre antes del estreno.

Creo fehacientemente que estamos haciendo un buen trabajo, que están haciendo un buen trabajo. Creo que era Billy Wilder quien decía que este es un oficio donde lo importante es reunirse de los mejores. Y eso lo he conseguido.

La gente de MementoNET ha hecho este curioso vídeo de los ensayos de la obra. Gracias a José y los suyos.

 

Gracias también a aquellos que han estado (y están en el proceso) como Iván Martínez-Rufat quien nos ayudó con sus grabaciones, Las Naves, Escuela del Actor, Espacio Inestable y CulturArts por su apoyo logístico, y a Episkenion que publicará el texto de la obra en septiembre.

Espero que a partir del 19 de septiembre podáis disfrutar de “Den Haag” en Espacio Inestable tanto o más que nosotros. Si os gusta, recomendadla, retuiteadla, amadla, recomendarnos donde hacedla, dónde vividla, una mano siempre es bienvenida.

Aquí tenéis la mía.

“Estaba limpiando el cuarto y, yendo por aquí y por allá, me acerqué al diván y no podía recordar si le había o no quitado el polvo. Dado que esos movimientos son habituales e inconscientes, no era capaz de recordar y sentí que era imposible recordarlo –de forma que si le había quitado el polvo y lo olvidé- quería decir, que había actuado inconscientemente, por tanto era lo mismo que si no lo hubiese hecho. Si alguien consciente hubiese estado mirando, entonces el hecho podía ser establecido. Sí, por el contrario, nadie había estado mirando, o mirando inconscientemente, si las vidas de muchas personas, con toda su complejidad, transcurren inconscientemente, entonces tales vidas son como si no las hubiesen vivido.”
Diarios (1895 – 1910) León Tolstoi
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