“El teatro trata “sobre” la memoria; es un acto de memoria y descripción.

Existen obras y gente y momentos de la historia que hay que revisitar,

nuestro tesoro cultural oculto está lleno a rebosar. (…) Disfrutamos de una historia

única, rica y diversa y celebrarla significa recordarla. Recordarla es utilizarla.

Utilizarla significa ser fieles a lo que somos.”

Anne Bogart

 

Ha empezado algo que no tiene marcha atrás.

Cuando en 2007 comencé a guardar los correos personales que me enviaba con mis hermanos (hasta el 2011), nunca pensé que aquel material podría ser dramatizado. “Den Haag” surge de las preguntas que me he hecho estos últimos años sobre el amor fraternal, sobre el exilio, o sobre la creación, tres de los tema que atraviesan la obra.

Hace poco en los primeros ensayos Mamen García, una de las actrices de “Den Haag”, me preguntó “¿Qué quieres contar con esto Gabi?”. Volvieron a saltar, como un resorte, esos tres ejes. ¿Qué es “Den Haag”?

Uno no se puede distanciar de su tiempo. No debe. Tal vez es la primera obra, mi primera obra, que tiene un marcado carácter político, sin quererlo. En ella se habla de aquella guerra que reventó nuestro país, o del desconcierto de la izquierda (isquierda, como dice uno de los personajes). En ella hablo de mi familia, porque hablar de lo que conoces, tal vez, pueda hacerse universal, o tal vez no.

Y en ella también hablo de la creación, de porqué escribir en ocasiones es tan doloroso, es tan caótico, y te saca de tu mundo, te aísla.

Una obra que nació en Buenos Aires, en un verano – invierno inolvidable, y que terminará en Valencia, en septiembre del 2013 en Espacio Inestable. La primera lectura del material se hizo en diciembre del 2011 en El Abrazo de la China, ese estupendo bar-lugar de encuentro de la farándula valenciana. No todos los que estuvieron allí están ahora en el proceso. Pero a todos, gracias.

Ahora, mayo del 2013, hemos arrancado los ensayos, no sin cierto caoticidad por mi parte. Pero Anne Bogart me ha vuelto a poner tras una pista importante, la memoria, el lugar de donde nace la pieza. Vuelvo a leerla:

“Los artistas no deberían distanciarse de su tiempo. Deberían entrar en la refriega y ver qué pueden sacar de bueno. En lugar de mantener una distancia de seguridad de la apestosa ciénaga de los valores mundanos, deberían sumergirse en ella y removerlo todo…” Cita Anne Bogart al crítico Herbert Muschamp (en La preparación del director).

¿Me preguntó porqué fue el árbol la imagen inicial del primer poster de “Den Haag” que hizo Xavo? Hubo dos imágenes que nos cautivaron: unas muñecas rusas y un árbol, que tiene que ver con el árbol genealógico, y con la haya, un árbol que, según la tradición celta, es el símbolo de la creatividad.

Pero es un árbol y sus raíces. Y las raíces son las que vuelven. La obra está marcada por el cancionero popular español. Desde “La zarzamora” hasta “Los piconeros”, desde Imperio Argentina hasta Estrellita Castro, las voces que oiremos en escena tienen que ver con aquello que nos lleva a lo más profundo de las raíces hispanas. Siempre me viene a la cabeza una frase que un crítico de cine decía sobre el cine republicano como “La verbena de la paloma” o “Morena Clara” y sobre cineastas como Florián Rey y Benito Perojo: “aunar tradición y modernidad”.

 

Y esa creo, es la clave de “Den Haag”. Mezclar tradición y modernidad. Lo he hecho, sin querer en el reparto: consagradas intérpretes de toda la vida con gente muy muy joven. Ver a Nacho López Murria tener un tete a tete con Imma Sancho vale su peso en oro. O a Mamen García con Xavo Giménez o Toni Agustí. Además también están Lorena López y Paula Llorens, que nos darán más de una sorpresa. 7 actores en las tablas que espero que den mucho que hablar con esta pieza.

 

Ahora que ya hemos arrancado con las primeras lecturas me preocupa como levantar la obra, cuál es la fuerza para moverla en escena. Xavo ya ha esbozado algunas ideas de la escenografía, pero aún no están del todo cerradas.

Pero más allá de eso, me preocupa como intencionarlas. Mamen García me habla constantemente de Kantor, y el otro día salió el nombre de Bernhard. Yo les hablo del “teatro de estados” de Ricardo Bartís y de aquello que he visto representado en la nueva dramaturgia porteña, como “La omisión de la familia Coleman” de Claudio Tolcachir, “Todo” y “Apátrida” de Rafael Spregelburd o “Gore” de Javier Daulte. Tres montajes a los que hago referencia constantemente, más muchos otros.

Ahora entramos en la fase de descubrir en escena qué dice ese texto, que nos surgiere al moverlo. Espero que sea lo más productivo posible.

Ah! Por cierto: este título tan desconcertante, es “La Haya” en holandés, el nombre de la capital de Holanda.

Si queréis saber más sobre ello, tendréis que venir a verla del 19 al 22 de septiembre en Espacio Inestable.

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