Foto: Mario Piera

La mirada es una de nuestras mayores armas. Podemos con ella seducir, opinar, trascender, relativizar, en definitiva, connotar. Si a eso le sumamos lo que recoge el oído, hemos establecido un binomio único, 2 de nuestros más preciados sentidos. En ‘Mi camiseta,…’ queríamos jugar con ellos, y hacer partícipe el concepto de audio-visual, sin necesidad de un soporte audiovisual en la escena.

Queríamos discriminar con el sonido, focalizar con él, dejar que el imperio de la mirada jugara en desventaja. En la primera parte de esta trilogía, ‘Mi camiseta’, muchas cosas estaban ocultas a la vista, pero los oídos seguían jugando con la necesidad de querer saber.

Y la guindilla la puso el centro comercial. La ficción se mezclaba con la realidad sin necesidad de molestarse. Un niño entraba en escena, un padre se enfadaba con un actor porque creía que había tocado a su hijo, una pareja veían una discusión de otra pareja tal vez pensando que eso mismo les podría ocurrir a ellos, pensando que a lo mejor, ya formaban parte del espectáculo.

Anuncios